sábado, 28 de noviembre de 2015

AHUAC: ARWATURO Y ÑAHUIMPUQUIO


En esta oportunidad compartiré algunas referencias y recuerdos de mi visita a Ahuac, con tilde o  acento diacrítico en la primera “a”. Es un distrito de la provincia de Chupaca, en el departamento de Junín. El distrito fue creado mediante Ley del 14 de noviembre de 1905.

Este distrito se encuentra a 16 km aproximadamente de la ciudad de Huancayo, capital del departamento de Junín. Con la finalidad de llegar hasta nuestro destino Junto a mi hermano Carlos abordamos un carro de transporte rural que nos trasladara en primer lugar a Chupaca, una provincia del departamento de Junín.

Siempre que realizo estos viajes y traslados prefiero hacerlos tal como lo hace cualquier poblador común. Aparte de que son económicos me permiten comprender y entender las idiosincrasias de la gente, algunas costumbres y apreciar lentamente los paisajes de las rutas, cuando se alquila un auto generalmente el viaje  lo hacen raudamente. Entre las desventajas podría mencionar el tiempo y en algunas oportunidades la incomodidad. Si no hay tiempo nunca se hará un buen viaje.

Después de recorrer 11 km  llegamos a Chupaca en donde abordamos inmediatamente un auto que nos trasladó 5 km más  hasta Ahuac, distrito localizado a 3,275 msnm. El clima era estupendo, con un cielo despejado color azul que permitía el paso directo de los rayos solares sobre mi cuerpo, de tal manera que no tenía ninguna sensación de frio por la altura.

La plaza principal es de regular tamaño con grandes espacios para caminar o pasear y jardines con pequeños y medianos arbustos y flores de colores. En la parte central luce una pileta inconclusa.

Como muchas veces lo he visto en varios pueblos del Valle del Mantaro, la gente celebra acontecimientos bailando en las calles. Por ejemplo era un poco más de media día y un grupo familiar bailaba en la misma plaza con los novios recién casados. Las primeras veces cuando viajaba y veía estos festejos me sorprendía, como costeño no entendía bien las costumbres de la sierra. Hoy con tantos viajes realizados ver esta escena es algo normal.


En una de las calles principales del perímetro de la plaza principal se encuentra la iglesia y el local municipal. Este último es una moderna construcción de tres pisos con grandes ventanales de colores que colinda con la modesta construcción de la iglesia. Particularmente en otras narraciones ya he comentado mi desagrado por este tipo de construcciones, le dicen modernidad, a mi lo que me parece es copia de construcciones costeñas. Se puede tener modernidad pero sin perder la esencia ni la estética tradicional de los pueblos de la sierra. Por ejemplo por que no se hace una construcción moderna, de material noble con sus techos a dos aguas llenas de tejas rojas, con balcones de madera y con ventanas normales. En la sierra siempre llueve por eso las construcciones terminan en techos a dos aguas para que el agua de la lluvia pueda discurrir hacía abajo. Pero bueno, solo es un comentario muy personal y como dice un dicho muy popular: “Sobre dichos y colores no han escrito los autores”. Lo importante es que los ahuaquinos se sientan contentos con las obras que desarrollan sus autoridades.
 


Los objetivos de este viaje eran dos, el primero conocer el Complejo Arqueológico de Arwaturo y el segundo conocer la Laguna de Ñahuimpuquio. Un auto nos acercó lo más que pudo, unos 2 kilómetros más desde la plaza principal y desde allí comenzamos a caminar siguiendo las indicaciones del chofer y los pobladores. No hay error a confusión o perderse, pues solo hay que caminar con dirección al cerro Arwaturo y encontrar el camino de ascenso.

Finalmente encontramos el camino del ascenso e iniciamos la subida conjuntamente con mi hermano Carlos.


El camino de subida es un empedrado que poco a poco, paso a paso nos permite ir escalando hacía la cima del cerro. Una vez en el camino lo único que hay que hacer es subir y subir, de preferencia con paso firme y sin apuros para evitar una fatiga excesiva.



El sendero estaba señalado por pequeños montículos de piedras que en forma ordenada van delimitando el camino simulando pequeñas paredes, las  cuales nos servían para sentarnos y descansar de la fatiga que significaba subir. Recién en la mañana habíamos llegado a Huancayo y estábamos en proceso de adaptación, por eso nos cansábamos más rápidamente de lo normal.


Pero el camino era hermoso y valía la pena no solo sentarse para descansar sino para disfrutar de la belleza del paisaje y de la vista que se tenía desde las alturas. Los flores de color amarillo intenso de las retamas llenaban de vida y colorido el entorno. Era importante y necesario parar y disfrutar del momento, gravando en nuestra mente las imágenes y sensaciones que sentía en aquellos instantes.


Después de aproximadamente 40 minutos de caminata llegamos a la cima del cerro donde se encuentra estos restos arqueológicos. Allí había un pequeño letrero que explicaba el significado del nombre Arwaturo. Según el cartel es la unión de dos vocablos quechuas que son: “arwa” que significa “quemado” y de “turo” que significa “hueso”. Uniendo ambos vocablos sería algo así como “hueso quemado”.


El complejo está compuesto por restos de edificaciones cuadrangulares llamadas colcas que utilizaron los antiguos peruanos para guardar sus alimentos, especialmente los granos.  En este lugar se hallan 16 construcciones de este tipo en diferentes estados de conservación.



También se hallan construcciones circulares que según los pocos estudios realizados se cree fueron las viviendas de los pobladores Huancas que se asentaron en este lugar entre los años 1,200 a 1,450  AC.


La cima prácticamente es una loma con una extensión ligeramente plana en donde se encuentran las construcciones, a una altura aproximada de 3,460 msnm.


Claramente se observa la perpendicularidad casi perfecta de las construcciones con una ligera inclinación hacia el centro. Las paredes fueron construidas con piedras sobre piedras de regular tamaño, a modo de los ladrillos actuales, todas ellas unidas con barro.


Pasando por entre los espacios que separan a cada una de las colcas podemos apreciar el otro lado de la colina.



Y desde aquí hay una vista espectacular de una parte del Valle del Mantaro, con las huellas de las parcelas de terrenos que esperan la época de lluvias para llenarse de verde. En el horizonte se aprecia claramente los picos nevados del Huaytapallana, con la blancura de su nieve invitándonos o retándonos a subir nuevamente.


Mientras se va ascendiendo hasta la cima, volteando la mirada se tiene una vista maravillosa de la Laguna Ñahuimpuquio. El origen del nombre deriva de dos vocablos quechuas, “ñahui” que significa ojo y “puquio” que significa agua algo así como ojo de agua. A la distancia se ve un espejo de agua de forma triangular reflejando el azul del cielo en una extensión aproximada de 7 hectáreas.



Después de visitar las ruinas iniciamos el descenso y nos acercamos a la laguna para conocerla de cerca. Muchos años atrás pude estar en la laguna con mi familia y era un lugar solitario, hoy se ha convertido en un lugar turístico, con varios recreos donde se expende la rica comida huancaína, con lugares que ofrecen paseos en botes y  pesca deportiva. Y para los que no desean entrar al agua pueden optar por hacer paseos por los alrededores de la laguna montados sobre caballos.



En sus aguas viven las truchas, peces muy cotizados en el Valle del Mantaro; también se observa sobre sus aguas gran cantidad de patos silvestres, gaviotas y gallaretas. En las orillas crece de forma natural la totora y la pulichampa, una mezcla de tierra húmeda y hierba que al pararse sobre ella parece como si se moviera el piso


Este viaje lo realice en junio del 2015 cualquier dato puede haber cambiado a la fecha.
 
 








 

 

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