jueves, 17 de abril de 2014

AQUIA: PARAISO ESCONDIDO


Estaba con mi hermano Carlos en Chiquián y una mañana muy temprano decidimos ir a un pueblo llamado Aquia, uno de los quince distritos de la provincia de Bolognesi, ubicado en el departamento de Áncash. Se encuentra a una altura de  3,335 msnm.

Solo la empresa de transportes interprovincial  Cavassa hace la ruta Lima-Aquia, pasando primero por Chiquian. La distancia desde Lima hasta Aquia es de 375 Km que se cubre en unas nueve horas.  Otra alternativa de viaje es ir desde Huaraz a Chiquian y de allí abordar las combis, en total esta ruta tiene una distancia de 141 km que lo hacen en tres horas aproximadamente. También se puede ir desde Barranca en unas 5 horas hasta Chiquian y de allí media hora más en combi y llegamos a Aquia. Esta última ruta no pasa por la Laguna de Conococha de tal manera que no se tiene que subir desde la costa hasta los 4,050 msnm para después comenzar a bajar hasta los pueblos de Ancash.

Para llegar a este pueblo se debe abordar unas combis cuyo paradero se ubica muy cerca del mercado de  Chiquian. Fuimos temprano para conseguir asiento debido a que  no hay mucho movimiento de carros entre estos dos pueblos pasado las 10 am.

El distrito de Aquia fue creado el 2 de enero de 1,857. Se encuentra flanqueado por los nevados Tucu Chira al oriente y Quicash al occidente. Los primeros pobladores de esta zona llegaron desde Chavín, trayendo consigo sus costumbres y fe religiosa.  Tuvieron como capital al cerro Ichik Aynuck, hoy llamado Jerusalén.
 
La historia cuenta dos teorías sobre el origen de su nombre:  Una dice que el nombre de Aquia provendría  del nombre de uno de sus caciques más aguerridos  llamado  Agyar. Al morir  el cacique, quisieron perennizar su nombre llamando al pueblo Agya, con el tiempo  derivó en Aquia. Otros historiadores manifiestan que después de la conquista del  cacique Rimay Condor por los españoles en 1,595,  el encomendero Fernando Aquiar de Acuña  empezó a repartir tierras a sus seguidores en la conquista con la idea de formar un pueblo a orillas del rio Antacallanga, lo que hoy es el rio Pativilca. Fernando Aquiar de Acuña  era geógrafo y como tal levanta el primer plano del pueblo y firma como tierra y pueblo de su dominio poniendo el nombre  de Aquiar, con el transcurrir del tiempo terminó en Aquia .

Después de recorrer 20 kilómetros  por un camino afirmado lleno de curvas y precipicios en un tiempo aproximado de media hora llegamos a Aquia.

Llegar a la plaza principal y encontrar una plaza tan bonita fue una grata sorpresa.  Limpia, bien cuidada, con árboles que guardan armonía con el tamaño de la plaza y a los cuales se les ha cortado para representar figuras de animales. El cielo despejado, color azul intenso, matizado con algunas nubes blancas completaban la belleza de este lugar.

 


En el centro se encuentra una pileta de bronce muy bonita.



En una de las calles que rodean la plaza de armas, se encuentra  la Iglesia Colonial de Aquia que data del siglo XVII. A diferencia de las iglesias de otros pueblos de la sierra del Perú esta iglesia no lleva el nombre de ningún Santo o Santa a pesar que el patrón del pueblo es San Miguel Arcángel.
 
 


Un detalle  del templo es que en la parte externa se encuentran seis hornacinas y en cada una  han colocado imágenes muy antiguas de santos de la religión católica, semejando un altar mayor. En ella aparecen San Pedro, San Pablo, San Francisco, Santo Domingo, San Miguel Arcangel y la Virgen.



Las paredes son de más de un metro de ancho, sin columnas,  con techo a dos aguas y al lado izquierdo tiene una torre de cuatro pisos que corresponde al campanario.

 
 
Impresionante poder admirar como en pueblos tan alejados del Perú encontramos iglesias muy hermosas. Reconozco que en mis viajes por los pueblos del Perú, una de las cosas que más me gustan apreciar son las construcciones de las iglesias, más aún si son construcciones muy antiguas.  En la sierra la devoción que tienen los pobladores con los santos religiosos es muy arraigada y eso se nota en sus iglesias, en sus procesiones llenas de fervor religioso, en nombrar como patrón de un pueblo a un santo o santa.



Entramos a un pequeño restaurante ubicado en una de las calles del perímetro de la plaza. Mientras nos preparaban el desayuno conversábamos con la señora que atendía nos comentó que ella había llegado a este lugar hacía 5 años y que antes había vivido en Lima, en la avenida Perú, en el distrito de San Martin de Porres. Gran coincidencia pues yo vivo en este mismo distrito y muchos años de mi vida las viví a la altura de la cuadra 34 de la avenida Perú. Motivo suficiente para entablar una amena conversación y por supuesto un servicio especial.

Una vez desayunado empezamos el camino rumbo al santuario del Señor de Cayac. Caminar por las calles de Aquia  es un recuerdo imborrable, angostas y silenciosas, formadas por casas de adobe de un solo piso a dos aguas con sus tejados de barro a la antigua, a los costados unos senderos de piedra  a manera de vereda. Ninguna casa pintada, solo a algunas de ellas se les había echado yeso dándole un color blanco.



Antes de partir por indicación de la señora que nos atendió con el desayuno fuimos a la casa de otra señora para que nos prestara las llaves y poder entrar al santuario. Después de dejar una colaboración nos entregó las llaves y siguiendo las indicaciones recibidas caminamos rumbo a nuestro destino.  


Después de caminar cerca de 3 Km.  en 40 minutos aproximadamente,  cruzando  el pueblo y campos llegamos al santuario del Señor de Cayac. 

Es una construcción pequeña con puerta ojival y una torre al lado izquierdo;  en un comienzo fue una choza improvisada construida por los primeros devotos, con el tiempo crecieron los devotos y  llegaron a construir el santuario de material noble que hoy vemos.
 

La historia del Señor de Cáyac, nos dice que Cayac es un camino de herradura, lleno de verdor, donde el agricultor Lorenzo Barnechea quiere tapar con una champa de tierra la molestosa filtración del río Pativilca. Y empezó a lampear, hasta que golpeó una piedra y se detuvo, la piedra era muy grande, estaba cansado y comenzaba a oscurecer, entonces decide ir a su casa para descansar y regresar al día siguiente con más fuerzas.

En la noche, mientras dormía, soñó que la piedra le decía: ‘¡qué hombre tan bruto eres, me has malogrado la cara!’. Al despertar, y  llegar al lugar quedo sorprendido al darse cuenta de que la piedra tenía la forma del rostro del Señor Jesucristo.

Quisieron llevarlo a la iglesia del pueblo, pero nadie pudo sacar la piedra porque es inmensa, algunos aquinos aseguran que llega hasta la otra orilla del río Aymin.  La piedra con las facciones de Cristo yacente está cubierto por un manto,  los devotos echaron  gotitas de sangre en su rostro y continuará seguramente por siempre en el mismo lugar.

 

Los alrededores del santuario está compuesto por campos de pastoreo, muchos animales pastando,  no se observa ninguna otra construcción cercana.


Rompe el silencio del lugar el sonido de las aguas del rio Pativilca cuyo cauce pasa muy cerquita.

 

El distrito de Aquia tiene el apelativo de “Paraiso escondido” y después de estar allí creo que el nombre no pudo ser mejor. Es un lugar de pocos habitantes, escondidito en las alturas, pequeño pero ordenado, desde aquí se parte a varias lagunas que están formadas por el deshielo de los nevados. Conversamos sobre el tema con un aquino encargado de la municipalidad y nos dijo que se  puede conocer dichas lagunas en un día a caballo saliendo muy temprano de la ciudad. La más cercana es la laguna Tancan en el centro poblado de Pachapaqui.

Este viaje lo realice en Julio del 2009, algunos datos pueden haber  variado a la fecha.
 
 
 
 





 
 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario